lunes, 14 de septiembre de 2015

RELACIONES ENTRE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y MARIANO PICÓN SALAS

RELACIONES ENTRE
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y MARIANO PICÓN SALAS

Ricardo Gullón


  M

ARIANO Picón-Salas al enviar a Juan Ramón Jiménez, en 1943, su precioso Viaje al amanecer, puso en la primera página esta dedicatoria: “Al maestro Juan Ramón Jiménez este librito de imágenes infantiles en que hubiera querido imitar algo de la gracia de su Platerillo. Con la admiración y afecto de M. Picón-Salas”. No estaba desplazada la alusión a la difundida “autobiografía lírica” del poeta moguereño, pues en las prosas, autobiográficas también, de Picón-Salas hay una gracia verbal, un arte evocativo, que es fácil y justo asociar con los que cristalizan en la creación del inmortal asnillo andaluz. En el libro de Moguer como en el libro de Mérida, se inventan y vivifican tiempos y figuras de lo pasado; y vivos quedan porque al describirlos o evocarlos o soñarlos, los autores acertaron a convertir en experiencia nueva, en poesía, el recuerdo viejo.
         Cuando en el verano de 1943 Juan Ramón publicó en la revista mejicana Rueca su artículo “El español perdido”, uno de sus textos más entrañables y reveladores, expresión de angustia por el exilio en tierras donde el idioma no era el suyo, lo dedicó a Mariano Picón-Salas, sin duda pensando en que como escritor y como hombre que había vivido análogas experiencias entendería bien la pesadumbre de su aislamiento lingüístico.
         Años después, en 1954, se cruzaron entre ellos algunas cartas. Tratándose de quienes se trata vale la pena de publicar (y puedo hacerlo por cortesía de la Universidad de Puerto Rico) las conservadas en la Sala Zenobia-Juan Ramón (de otra escrita el año precedente no hallé rastro); no solamente prueban la buena relación existente entre ellos, sino –esto es poco o nada conocido- informan sobre el proyecto de una visita de Juan Ramón Jiménez y su mujer a Venezuela. Proyecto incumplido, impulsado probablemente por la sensación de cercanía a Caracas que le daría Puerto Rico.
         El viaje al Plata, donde Juan Ramón tanto gozó con las recepciones extraordinarias que le hicieron en Montevideo, Buenos Aires y otras ciudades argentinas le dejó buen sabor de boca y acrecentó su deseo de conocer otros países hispánicos. Desde mediados de 1952 su salud –su equilibrio mental- había ido mejorando, y en 1953-54, superado el choque de la operación de Zenobia en Boston, se sentiría con fuerzas para realizar el viaje a Venezuela que, según se deduce de las cartas que voy a transcribir, Picón-Salas sugiriera anteriormente. No he podido hallar sino dos cartas de éste y una copia de la que Juan Ramón le escribió, reanudando la relación epistolar con él. No es mucho, pero sí suficiente para documentar el interés del andaluz universal por conocer Venezuela y el de Picón-Salas por ayudarlo a realizar su deseo.
         En las cartas que siguen destaca la gentileza del escritor venezolano, su exquisita cortesía y la postura de digno retraimiento en que se mantuvo durante los años de la dictadura de Pérez Jiménez. En esa dignidad frente a los desafueros del poder coincidían los dos amigos. Quiso el azar que ambos fueran, en distintas épocas profesores visitantes en la Universidad de Puerto Rico; el autor de Viaje al amanecer en 1949-51; el de Españoles de tres mundos, en 1953-55. Coincidencia también, el detalle que ambos se dirigieran una vez al estudiantado puertorriqueño en pleno. El año 1946 Picón-Salas disertó en el acto de colación de grados, sobre un tema apasionante para los isleños: ”Apología de la pequeña nación” ; el año 1954, Juan Ramón leyó, en la fiesta anual dedicada a la Lengua, su conferencia  “El romance, río de la lengua española”. No por casualidad lazos sutiles fueron uniendo el destino de los escritores, no sólo semejantes en la pulcritud del estilo, sino en la vocación intelectual y en la conducta ejemplar.
         La copia de la carta de Juan Ramón no tiene fecha. No creo que entre ella y la respuesta de Picón-Salas mediara mucho tiempo, por lo que pienso fue escrita en febrero de 1954. Veámosla:
         Sr. D. Mariano Picón Salas
         Caracas, Venezuela
             Querido Mariano Picón Salas:
         no tuve el gusto de recibir respuesta a nuestra última carta del año pasado en la que le preguntaba qué podría yo hacer en Venezuela para pagar nuestro viaje, pero no se preocupe en absoluto de no haberme contestado porque de todos modos no hubiéramos podido ir este año pasado. Las combinaciones de barcos no nos convenían y yo no puedo viajar en avión por mi enfermedad cardiaca.
         Estoy terminando un largo artículo que se llama “Rubén Darío español”, en el que comento algunos de sus muchos poemas a España o sobre España. Dará unas 30 páginas de papel grande de máquina y estoy pensando mandárselo a usted para “El Nacional”, ya que usted fue tan amable que me pidió que enviase colaboración cuando pudiera. Como yo tengo mucha labor inédita en prosa ¿le parece a usted que sería posible que yo colaborara una vez al mes o cada dos meses en  “El Nacional”? A mí me gustan muchos estos suplementos literarios de los periódicos hispanoamericanos y he colaborado en varios de ellos.
         Su libro sobre Méjico lo hemos leído los dos juntos o separados y lo consideramos precioso literariamente y de gran interés jeneral, dada la abundancia y variedad de sus asuntos. Usted debiera publicar muchos libros como ése.
         Con recuerdos de mi mujer, quedo siempre
         Apartado 1933
         Universidad,
         Río Piedras,
         Puerto Rico.

         La respuesta de Picón-Salas debió llegar en seguida, y sus términos no ofrecen duda del buen deseo y la cordialidad de quien la escribiera:

         M. Picón-Salas
        Quinta “Biche”, Avdas. Roosevelt y
        Olimpo. Caracas.

         22 de febrero. 54

         Mi ilustre y querido maestro:
         Muchas gracias por su carta tan gentil. Estaba tan desorganizada la Universidad el año pasado (alboroto estudiantil y viaje del Rector durante meses por Sur América), que no fue posible arreglar su viaje con todos los honores y ventajas que queríamos para Ud. sus admiradores. Usted sabrá que yo tengo muy poca vela en nuestro espectáculo o Administración universitaria. Si Ud. quisiera venir en vapor a fines de este año, podríamos hacer la campaña como cosa nuestra. La noticia de que Ud. podría venir suscitó aquí enorme entusiasmo de cuantos le quieren y admiran.
         Encantado de que Ud. desee colaborar en  “El papel Literario” de “El Nacional”, y tiene enteramente a la orden sus páginas. Dada la pequeñez material del suplemento, el trabajo sobre Rubén Darío podría Ud. fragmentarlo en 3 o 4 artículos, que se publicarán hebdomadariamente. Por cada artículo que nos mande podríamos pagarle $ 30 (dollares), suma más alta que estoy autorizado a ofrecer en las ediciones normales del periódico. Sólo en ediciones extraordinarias de aniversario “El Nacional” paga más ¡Cuánto quisiera disponer de un presupuesto más vasto para ofrecerle remuneración más adecuada a lo que Ud. significa! No habrá pues, problema sino agrado y honor nuestro, en empezar a recibir sus colaboraciones.
         Le he hecho enviar por el lento correo ordinario mi reciente libro sobre Cipriano Castro, desnudo cronicón de días venezolanos realmente terribles. Y reservo para Ud. un ejemplar de Obras escogidas que acaban de editar en España en muy bonita edición que me llega en estos días.
          Infórmeme también si todavía le place la idea de visitar Venezuela. Sólo mi intencionado y para Ud. muy explicable aislamiento administrativo retardó el deseo de influir en los “grandes” de la Universidad para que le llegara una invitación anhelada por todos.
         Con muy cordiales saludos de mi mujer y mios para su señora, reciba toda la afectuosa admiración de su amigo,
                                                  Mariano Picón-Salas.
        
Hay un movimiento poético venezolano de última hora, muy importante.   ¿Le han llegado los libros de Ida Gramcko? Hace un año publicó un libro excepcional. Le haré llegar ése y otros poéticos de importancia, si no los tiene.

Esta carta tiene en el ángulo superior derecho la C que Juan Ramón ponía en las que recibía, una vez contestadas. No he podido encontrar el borrador de la respuesta, pero del contexto de la impresa a continuación se deduce que aquélla fue acompañada por un artículo, el titulado “Límites del progreso o la debida proporción”, fechado en Río Piedras, 1954, sin indicación de mes y día. Con el mismo título se había publicado en el No. 2 (Julio-Agosto 1937) de Verbus, en La Habana, una serie de “Notas”, y así rezaba el subtítulo, distinto del texto enviado a Caracas; lo publicado en Cuba eran reflexiones inspiradas en su mayor parte por el reencuentro con Nueva York, en setiembre 1936. El recorte guardado en la Universidad de Puerto Rico no dice cuando apareció ese texto en Papel Literario, aunque supongo que se publicó a fines de junio o primeros días de julio del mismo año. Del 8 de julio es la carta siguiente:

Caracas, 8 de julio de 1954.
Señor don Juan Ramón Jiménez.
Río Piedras, Puerto Rico.
Ilustre maestro:
            Perdóneme si un mundo de cosas: lucha económica despiadada en esta ciudad que es quizás la más cara del mundo, viajes por el interior del país y la extrema nerviosidad con que aquí se vive no me permitieron contestarle a tiempo su última y gentil carta. Su última y brillante colaboración ya salió en “El Papel Literario” y la Administración me informa que le giraron hace días el cheque correspondiente. El periódico tiene la costumbre de hacer liquidaciones mensuales a sus colaboradores, de modo que no extrañe si entre la publicación del artículo y el envío del pago transcurren a veces cuatro o cinco semanas.
Todos en el periódico han celebrado mucho su propósito de colaborar en “El Papel” y nos encantará recibir nuevos envíos suyos.
También debo darle excusa sobre aquella insinuación que le hice de que viniera a visitarnos. No hemos abandonado el proyecto que cuando se anunció, produjo enorme regocijo. Pero la Universidad ha tenido una serie de problemas de presupuesto y yo –por una serie de razones- estoy en el “estado llano” profesoral y mis influencias no llegan ni desean llegar hasta los palacios. Sus amigos y admiradores aquí no tienen, precisamente, buena fortuna. En el siglo XVIII los neoclásicos decían con palabra muy fea: “el cambiamiento” de los tiempos.
Le explico, pues, que si no siempre soy todo los formal que quisiera o debiera, es por muchas y duras contingencias. No deje de seguir colaborando en “El Nacional”.
Toda mi admiración y los más cordiales votos por su bienestar.
                                      Muy suyo,

Mariano Picón-Salas.

¿Sería este el punto final en la relación entre prosista y poeta? No me atrevería a asegurarlo, pero así parece. A finales de 1954 recayó Juan Ramón en su neurosis y se reanudó el triste ciclo de médicos y sanatorios suspendiendo prácticamente toda actividad literaria y toda correspondencia. En octubre de 1956 murió Zenobia y esta pérdida recluyó al poeta en apatía y soledad de que realmente nunca volvió a salir.




(Papel Literario de El Nacional, 15-3-70).





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