RELACIONES ENTRE
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y MARIANO PICÓN
SALAS
Ricardo Gullón
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M
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ARIANO
Picón-Salas al enviar a Juan Ramón Jiménez, en 1943, su precioso Viaje al amanecer, puso en la primera
página esta dedicatoria: “Al maestro Juan
Ramón Jiménez este librito de imágenes infantiles en que hubiera querido imitar
algo de la gracia de su Platerillo. Con la admiración y afecto de M.
Picón-Salas”. No estaba desplazada la alusión a la difundida “autobiografía
lírica” del poeta moguereño, pues en las prosas, autobiográficas también, de
Picón-Salas hay una gracia verbal, un arte evocativo, que es fácil y justo
asociar con los que cristalizan en la creación del inmortal asnillo andaluz. En
el libro de Moguer como en el libro de Mérida, se inventan y vivifican tiempos
y figuras de lo pasado; y vivos quedan porque al describirlos o evocarlos o
soñarlos, los autores acertaron a convertir en experiencia nueva, en poesía, el
recuerdo viejo.
Cuando en el verano de 1943 Juan Ramón
publicó en la revista mejicana Rueca
su artículo “El español perdido”, uno de sus textos más entrañables y
reveladores, expresión de angustia por el exilio en tierras donde el idioma no
era el suyo, lo dedicó a Mariano Picón-Salas, sin duda pensando en que como
escritor y como hombre que había vivido análogas experiencias entendería bien
la pesadumbre de su aislamiento lingüístico.
Años después, en 1954, se cruzaron
entre ellos algunas cartas. Tratándose de quienes se trata vale la pena de
publicar (y puedo hacerlo por cortesía de la Universidad de Puerto
Rico) las conservadas en la Sala Zenobia-Juan Ramón (de otra escrita el año
precedente no hallé rastro); no solamente prueban la buena relación existente
entre ellos, sino –esto es poco o nada conocido- informan sobre el proyecto de
una visita de Juan Ramón Jiménez y su mujer a Venezuela. Proyecto incumplido,
impulsado probablemente por la sensación de cercanía a Caracas que le daría
Puerto Rico.
El viaje al Plata, donde Juan Ramón
tanto gozó con las recepciones extraordinarias que le hicieron en Montevideo,
Buenos Aires y otras ciudades argentinas le dejó buen sabor de boca y acrecentó
su deseo de conocer otros países hispánicos. Desde mediados de 1952 su salud
–su equilibrio mental- había ido mejorando, y en 1953-54, superado el choque de
la operación de Zenobia en Boston, se sentiría con fuerzas para realizar el
viaje a Venezuela que, según se deduce de las cartas que voy a transcribir,
Picón-Salas sugiriera anteriormente. No he podido hallar sino dos cartas de
éste y una copia de la que Juan Ramón le escribió, reanudando la relación
epistolar con él. No es mucho, pero sí suficiente para documentar el interés
del andaluz universal por conocer Venezuela y el de Picón-Salas por ayudarlo a
realizar su deseo.
En las cartas que siguen destaca la
gentileza del escritor venezolano, su exquisita cortesía y la postura de digno
retraimiento en que se mantuvo durante los años de la dictadura de Pérez
Jiménez. En esa dignidad frente a los desafueros del poder coincidían los dos
amigos. Quiso el azar que ambos fueran, en distintas épocas profesores
visitantes en la
Universidad de Puerto Rico; el autor de Viaje al amanecer en 1949-51; el de Españoles de tres mundos, en 1953-55. Coincidencia también, el
detalle que ambos se dirigieran una vez al estudiantado puertorriqueño en
pleno. El año 1946 Picón-Salas disertó en el acto de colación de grados, sobre
un tema apasionante para los isleños: ”Apología
de la pequeña nación” ; el año 1954, Juan Ramón leyó, en la fiesta anual
dedicada a la Lengua ,
su conferencia “El romance, río de la lengua española”.
No por casualidad lazos sutiles fueron uniendo el destino de los escritores, no
sólo semejantes en la pulcritud del estilo, sino en la vocación intelectual y
en la conducta ejemplar.
La
copia de la carta de Juan Ramón no tiene fecha. No creo que entre ella y la
respuesta de Picón-Salas mediara mucho tiempo, por lo que pienso fue escrita en
febrero de 1954. Veámosla:
Sr.
D. Mariano Picón Salas
Caracas, Venezuela
Querido Mariano Picón Salas:
no tuve el gusto de recibir respuesta
a nuestra última carta del año pasado en la que le preguntaba qué podría yo
hacer en Venezuela para pagar nuestro viaje, pero no se preocupe en absoluto de
no haberme contestado porque de todos modos no hubiéramos podido ir este año
pasado. Las combinaciones de barcos no nos convenían y yo no puedo viajar en
avión por mi enfermedad cardiaca.
Estoy
terminando un largo artículo que se llama “Rubén Darío español”, en el que
comento algunos de sus muchos poemas a España o sobre España. Dará unas 30
páginas de papel grande de máquina y estoy pensando mandárselo a usted para “El
Nacional”, ya que usted fue tan amable que me pidió que enviase colaboración
cuando pudiera. Como yo tengo mucha labor inédita en prosa ¿le parece a usted
que sería posible que yo colaborara una vez al mes o cada dos meses en “El Nacional”? A mí me gustan muchos estos
suplementos literarios de los periódicos hispanoamericanos y he colaborado en
varios de ellos.
Su
libro sobre Méjico lo hemos leído los dos juntos o separados y lo consideramos
precioso literariamente y de gran interés jeneral, dada la abundancia y
variedad de sus asuntos. Usted debiera publicar muchos libros como ése.
Con
recuerdos de mi mujer, quedo siempre
Apartado 1933
Universidad,
Río Piedras,
Puerto Rico.
La
respuesta de Picón-Salas debió llegar en seguida, y sus términos no ofrecen
duda del buen deseo y la cordialidad de quien la escribiera:
M.
Picón-Salas
Quinta “Biche”, Avdas. Roosevelt y
Olimpo. Caracas.
22 de febrero. 54
Mi ilustre y querido maestro:
Muchas
gracias por su carta tan gentil. Estaba tan desorganizada la Universidad el año
pasado (alboroto estudiantil y viaje del Rector durante meses por Sur América),
que no fue posible arreglar su viaje con todos los honores y ventajas que
queríamos para Ud. sus admiradores. Usted sabrá que yo tengo muy poca vela en
nuestro espectáculo o Administración universitaria. Si Ud. quisiera venir en
vapor a fines de este año, podríamos hacer la campaña como cosa nuestra. La
noticia de que Ud. podría venir suscitó aquí enorme entusiasmo de cuantos le
quieren y admiran.
Encantado
de que Ud. desee colaborar en “El papel
Literario” de “El Nacional”, y tiene enteramente a la orden sus páginas. Dada
la pequeñez material del suplemento, el trabajo sobre Rubén Darío podría Ud.
fragmentarlo en 3 o 4 artículos, que se publicarán hebdomadariamente. Por cada
artículo que nos mande podríamos pagarle $ 30 (dollares), suma más alta que
estoy autorizado a ofrecer en las ediciones normales del periódico. Sólo en
ediciones extraordinarias de aniversario “El Nacional” paga más ¡Cuánto
quisiera disponer de un presupuesto más vasto para ofrecerle remuneración más
adecuada a lo que Ud. significa! No habrá pues, problema sino agrado y honor
nuestro, en empezar a recibir sus colaboraciones.
Le
he hecho enviar por el lento correo ordinario mi reciente libro sobre Cipriano
Castro, desnudo cronicón de días venezolanos realmente terribles. Y reservo
para Ud. un ejemplar de Obras escogidas que acaban de editar en España en muy
bonita edición que me llega en estos días.
Infórmeme también si todavía le place la idea
de visitar Venezuela. Sólo mi intencionado y para Ud. muy explicable aislamiento
administrativo retardó el deseo de influir en los “grandes” de la Universidad para que
le llegara una invitación anhelada por todos.
Con
muy cordiales saludos de mi mujer y mios para su señora, reciba toda la
afectuosa admiración de su amigo,
Mariano
Picón-Salas.
Hay un
movimiento poético venezolano de última hora, muy importante. ¿Le han llegado los libros de Ida Gramcko?
Hace un año publicó un libro excepcional. Le haré llegar ése y otros poéticos de
importancia, si no los tiene.
Esta carta tiene en el
ángulo superior derecho la C
que Juan Ramón ponía en las que recibía, una vez contestadas. No he podido
encontrar el borrador de la respuesta, pero del contexto de la impresa a
continuación se deduce que aquélla fue acompañada por un artículo, el titulado “Límites del progreso o la debida
proporción”, fechado en Río Piedras, 1954, sin indicación de mes y día. Con
el mismo título se había publicado en el No. 2 (Julio-Agosto 1937) de Verbus, en La Habana , una serie de “Notas”, y así rezaba el subtítulo,
distinto del texto enviado a Caracas; lo publicado en Cuba eran reflexiones
inspiradas en su mayor parte por el reencuentro con Nueva York, en setiembre
1936. El recorte guardado en la
Universidad de Puerto Rico no dice cuando apareció ese texto
en Papel Literario, aunque supongo
que se publicó a fines de junio o primeros días de julio del mismo año. Del 8
de julio es la carta siguiente:
Caracas, 8 de
julio de 1954.
Señor don Juan Ramón
Jiménez.
Río Piedras, Puerto Rico.
Ilustre maestro:
Perdóneme si un mundo de cosas:
lucha económica despiadada en esta ciudad que es quizás la más cara del mundo,
viajes por el interior del país y la extrema nerviosidad con que aquí se vive
no me permitieron contestarle a tiempo su última y gentil carta. Su última y
brillante colaboración ya salió en “El Papel Literario” y la Administración me
informa que le giraron hace días el cheque correspondiente. El periódico tiene
la costumbre de hacer liquidaciones mensuales a sus colaboradores, de modo que
no extrañe si entre la publicación del artículo y el envío del pago transcurren
a veces cuatro o cinco semanas.
Todos en el periódico han
celebrado mucho su propósito de colaborar en “El Papel” y nos encantará recibir
nuevos envíos suyos.
También debo darle excusa
sobre aquella insinuación que le hice de que viniera a visitarnos. No hemos
abandonado el proyecto que cuando se anunció, produjo enorme regocijo. Pero la Universidad ha tenido
una serie de problemas de presupuesto y yo –por una serie de razones- estoy en
el “estado llano” profesoral y mis influencias no llegan ni desean llegar hasta
los palacios. Sus amigos y admiradores aquí no tienen, precisamente, buena
fortuna. En el siglo XVIII los neoclásicos decían con palabra muy fea: “el
cambiamiento” de los tiempos.
Le explico, pues, que si no
siempre soy todo los formal que quisiera o debiera, es por muchas y duras
contingencias. No deje de seguir colaborando en “El Nacional”.
Toda mi admiración y los más
cordiales votos por su bienestar.
Muy suyo,
Mariano
Picón-Salas.
¿Sería este el punto final
en la relación entre prosista y poeta? No me atrevería a asegurarlo, pero así
parece. A finales de 1954 recayó Juan Ramón en su neurosis y se reanudó el
triste ciclo de médicos y sanatorios suspendiendo prácticamente toda actividad
literaria y toda correspondencia. En octubre de 1956 murió Zenobia y esta
pérdida recluyó al poeta en apatía y soledad de que realmente nunca volvió a
salir.
(Papel Literario de El Nacional, 15-3-70).
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