lunes, 14 de septiembre de 2015

JUAN RAMÓN VISTO EN CUATRO LIBROS SUYOS


JUAN RAMÓN VISTO
EN CUATRO LIBROS SUYOS 

                      Jean Aristeguieta



S

E trata de intentar definir cómo es la poesía de Juan Ramón Jiménez. Si predomina, por ejemplo, la tendencia a un lenguaje natural o artificioso, la tendencia a un distanciamiento pudoroso con respecto al tema, o lo contrario la tendencia a sorprender al lector en cuanto al misterio a la representación, o en cuanto al lenguaje (adjetivación inusitada, por ejemplo), o en su significación, o al uso de muchas o pocas metáforas u otros procedimientos retóricos.
         Estas son las problemáticas iniciales abiertas frente a “Poemas impersonales” (1911); “Sonetos espirituales” (1914-1915); “Estío” (1915); “Diario de un poeta recién casado” (1916). Identificar estilísticamente la poesía contenida en estos cuatro libros del poeta de Moguer.
         En “Poemas impersonales” lo entrañable de la materia artística reside en un clima de naturalismo donde lo íntimo aparece revelado como un mensaje de intuición. El pudor es área sintomática de este autor, quien elude las emociones concretas, anecdóticas si se quiere, para crear por medio de expresiones levemente talladas, una ambivalencia púdica en el amor, en la pasión, como nexo con la esencialidad. O sea, aprehender la belleza a través de una capa de individuación perfectamente difuminada como en un sueño.
         El aspecto de la “adjetivación inusitada” o en significación o al uso de muchas o pocas metáforas u otros procedimientos retóricos, constituye en toda la obra de Juan Ramón una constante de persuasión estática.
         “Poemas impersonales” se imbrica en zonas de vitalidad transparente: “No me quedan armas que ofrecerte, ni jente./ Tú en cambio, como pago de esta servidumbre/ que no aprisiona, ni entristece, ni degrada,/ me has concedido, reina, la divina costumbre/ de tener como tú, el alma desvelada”. (A la luna en el arte). Este obsesivo encantamiento que emana al estilo de JRJ no puede considerarse artificioso. Lo propicio a los temas (sus temas), es una indudable fineza de psique, un desposeimiento casi místico en relación con lo imaginativo. Es también un realismo lleno de penumbra, de planos cálidos sugestionados por visiones y enigmas: “La suave playa céltica/ se la dio, cual jugando,/ a la ola del verano”.
         Pertenece a “Estío” una estrofa de plasticidad eminentemente subjetiva con respecto al poema: “Sueño, pájaro eterno de todos los colores”. Lo directo se ha convertido se ha convertido  en oniromancia pero cargada de un poder sintético impresionante.
         JRJ reitera en “Sonetos espirituales” “el distanciamiento” en torno al tema. En este sentido la escritura muestra una dirección excepcional puesto que se relaciona con aspectos coherentes cuales son el amor, la amistad, el recogimiento. Replegándose dentro de un mundo de asistencia maravillada el autor señalará: “A tu abandono opongo la elevada/ torre de mi divino pensamiento”.
         Mientras que en otro de los sonetos espirituales expondrá: “Era como el paisaje de la brisa?/ ¿Cómo la huida de la primavera?”. La receptividad estética de Juan Ramón utilizó no “la tendencia sorprender al lector en cuanto al misterio o la representación” sino el aliento de lo verdadero fusionándose a la vigilia. He aquí otra cita: “la primavera le mostraba al mundo/ el árbol puro del amor eterno”. Con lo cual los elementos verdad más vigilia conforman un símbolo de fervor apropiado, inefable.
         Las voces de “Estío” emergen esquemáticamente: “Como un perro de luz, lames mi lecho blanco”. Y en otra línea queda esta indicación: “un incoloro casi verde”. Pero aún cuando parezca metonimia, la frase, de alto poder sugeridor, resulta literalmente justa, sólo que pertenece al reino de la plenitud lírica. Y entonces se cumple la unicidad del teorema juanramoniano sobre la poesía organizada como comunicación pero “a la inmensa minoría”.
         Volvemos a internarnos en los cuatro mencionados libros de JRJ. Pero desde otras posiciones ideológicas. Cuál es el tono o tonos fundamentales de esa poesía grave, fuerte, triste, exaltado, melancólico, etc. Cuál es la visión del mundo (indicando cuál es el foco o elemento central de esa visión y en qué sentido se relaciona ese foco con las otras características del autor).
         Si después de analizar toda la obra de Juan Ramón llegamos a considerarla auténtica, fiel (los signos vitales, las emociones sublimadas), es obvio que hay un “foco o elemento central” que converge y da un dinamismo significante a la poesía de JRJ.
         Pero sencillamente regresamos (aun cuando de manera fragmentaria) a sus “Poemas impersonales”. El círculo de lo romántico los envuelve semejante a un halo. En esta sugestión (romanticismo) lo tipológico son (como en un proceso) la soledad, la inadaptación, la tristeza, el idealismo. El núcleo de los “Poemas impersonales” avizora lo fantasmal, la avidez sugeridora, cual si se tratara de convicciones decantadas, armoniosas en su calidad entrañable.
         Descubrimos ciertos desplazamientos intrínsecos del autor: “Oh qué yelo en la planta de este pie alternado, /que tengo que tener sobre la tierra”.
         Y en los “Sonetos espirituales” la dramatización queda matizada por medio de tonalidades donde predomina el asombro: “Estaba echado yo en la tierra, enfrente/ del infinito campo de Castilla/ que el otoño envolvía en la amarilla/ dulzura de su claro sol poniente”.
         Mientras en otra composición tan leve, tan prodigiosa, que pareciera anuncio de Platero, labra estas mágicas palabras: “Se entró en mi corazón en esta rada,/ como aquel pajarillo, que, volando/ de los niños, se entró, ciego y temblando/ en la sombría sala abandonada./ De cuando en cuando intenta una escapada/ a lo infinito, que lo está engañando”. En la espesa neblina del llanto el poeta tradujo lo fundamental de su mensaje: depresión exaltada (no derrota) ante lo cotidiano.
         “Estío” representa una fórmula alejada hasta cierto punto de la tendencia vivencial de Juan Ramón. Sus rasgos son nítidos ante el aire de la zozobra, como en esta certera frase: “árbol joven y eterno,/ castillo de belleza”. (La poesía). En “Diario de un poeta recién casado” (libro que hemos dejado para sintetizar la expresión poética de JRJ por considerarlo de una tónica de trasvasamientos subjetivo unívoca) el sentimiento palpa fechas, horas, esperanzas, distancias, para conducirlas al asentamiento poético como experiencia personal. Así, en esta muestra todo queda explícito: “Que cerca del alma/ lo que está inmensamente lejos/ de las manos aún”.
         El panorama se evade dentro de un perfil sonámbulo: “El barco, lento y raudo a un tiempo, vence al agua,/ mas no al cielo”.
         ¿Qué otras modificantes (con relación a “Sonetos espirituales”, “Poemas impersonales” y “Estío” invaden el dictado de “Diario de un poeta recién casado”? La sedimentación de los aspectos tiempo y recuerdo. El amor casi es “clavo débil, clavo fuerte” porque el amor es “inmenso y dulce” y es también “una esencia inmensa y viva”.
         El resumen queda en una alejada y hermosísima sinceridad de espíritu que el poeta ilumina con pudorosa y rica intensidad imaginativa.
         Llegamos al fin de este breve estudio por entre cuatro libros de Juan Ramón Jiménez. El imantado sentido del alma de este poeta ha involucrado una colección de irregulares perfiles delirantes, recónditos, vivientes. Contemplamos a un viajero que escribe imágenes de la tierra, del amor, de las sombras, de España. Todo como una palpitante elegía, como una invicta elegía.
         El resultado de la lectura de estos poemas de Juan Ramón ofrece una “visión del mundo” ennoblecida. ¿Cuáles son las motivaciones de esta poesía? Originalidad, ruptura con lo falso, amaneramiento, intuición que conduce a un elevado realismo, sortilegio.
         Juan Ramón Jiménez encarna inequívocamente estos dones. Porque suya es la belleza, el paralelismo entre vida y poesía.
Madrid, 1967.

















(Índice Literario de El Universal, 5-2-67).


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