lunes, 14 de septiembre de 2015

El escorpión y la mariposa EL PREMIO NOBEL PARA JUAN RAMÓN

El escorpión y la mariposa
EL PREMIO NOBEL

PARA JUAN RAMÓN

                                                   
                                                 Francisco Salazar-Martínez

 L


a noticia del otorgamiento del Premio Nobel le llega a Juan Ramón Jiménez, a los 70 años de edad, en medio de un total desconcierto económico y familiar. Su esposa, la notable traductora de Rabindranath Tagore, Zenobia Camprubí, agoniza en el hospital Niniya de Santurce, Puerto Rico, víctima del implacable mal del cáncer. Pobre, completamente pobre, Juan Ramón sobrevive a la tempestad. Justo alivio para los últimos días de su vida, habrá de constituir este oportuno Premio Nobel que ahora le llega mientras vigila la agonía de su inseparable Zenobia, la mejor inspiradora de su obra y de su vida.
      Mucho le debe la poesía de habla hispana a este tierno y a la vez implacable Juan Ramón Jiménez. Nacido en las fuentes oropolescas del Modernismo, el poeta de “Platero y Yo” renueva el contenido y macera nuevas uvas para el mejor vino lírico que desde los tiempos del Siglo de Oro no abrevaba las letras castellanas. Desde hace más de treinta años, Juan Ramón es el poeta más admirado y seguido por los jóvenes poetas del Continente hispanoamericano. En ello quizás comparta glorias con García Lorca y Neruda, pero mientras éstos tuvieron influencias momentáneas de saludable estímulo para los cultivadores de la lírica, la poética de Juan Ramón se yergue noble y pura y permanentemente en el universo lírico del idioma cervantino.
      Ah, y he aquí su ángulo humano. Implacable, como todo buen sentimental; satírico, como persona que se sabe cuidar cuidándole a la vida en sentido griego de belleza y bondad, Juan Ramón arremete, lanza en ristre, contra lo elefantiásico y superfluo que dan el tono ridículo de toda existencia vacía.
      Maestro, salud!



(El Heraldo, 26-10-56, P.2).

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