lunes, 14 de septiembre de 2015

“ESCRIBÍA SOBRE SU BURRITO PLATERO CON LA MISMA DEVOCIÓN QUE UNA VEZ ESCRIBIÓ CERVANTES SOBRE SANCHO PANZA”

EL VIAJE SIN RETORNO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
“ESCRIBÍA SOBRE SU BURRITO PLATERO CON LA MISMA DEVOCIÓN QUE UNA VEZ ESCRIBIÓ
CERVANTES SOBRE SANCHO PANZA”

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AN JUAN, mayo 29 (UPI). Juan Ramón Jiménez fue el primer español galardonado con el Premio Nobel de Literatura en años.
La academia sueca de literatura anunció la distinción el 25 de octubre de 1956. El último ganador español del mismo premio había sido el insigne dramaturgo Jacinto Benavente, también fallecido recientemente.
         La academia sueca honró a Juan Ramón, como reverente y familiarmente se conocía al poeta en el mundo de habla española, por su “poesía lírica, que en el idioma español, constituye un ejemplo de espíritu elevado y pureza artística”. El importe del premio ascendió ese año a la equivalencia de 38.63º dólares, mayor suma que se había otorgado hasta entonces.


         La esposa del gran escritor, Zenobia Camprubí, falleció de cáncer a los pocos días del anuncio del premio y el atribulado poeta, profundamente afectado, se recluyó en su domicilio de San Juan negándose a recibir visitas, con excepción de un puñado de sus amigos más íntimos.
         En abril de este año, Juan Ramón declaró que no abandonaría Puerto Rico, patria y tumba de su esposa, a pesar de que sus familiares y el gobierno del general Francisco Franco venían haciendo insistentes esfuerzos por hacerle regresas a su tierra nativa, de la que había salido el triunfar la rebelión que instituyó el actual régimen de España.
         A la sazón se encontraba en un estado físico sumamente delicado y débil a consecuencia de una operación que en febrero se le había practicado por la fractura de una cadera y su negativa a ingerir alimentos.
         Hombre de gran sensibilidad, el poeta vertió sus afecciones en la intensa obra que desarrolló desde sus primeros años, y en España y los países de habla española, principalmente, adquirió enorme autoridad intelectual y creó escuela.
         Juan Ramón, hijo de padres acomodados, nació en Moguer, pueblecito de la provincia de Huelva, el 24 de diciembre de 1881. Fue alumno de un colegio de jesuitas del puerto de Santa María y más tarde estudió en la Universidad de Sevilla. Pero abandonó los estudios para dedicarse de lleno a la obra literaria que le llevó a la eminencia.

Honda repercusión
literaria
         Se ha dicho que quizá ningún otro escritor desde los tiempos de Miguel de Cervantes haya producido tan hondo afecto e influido tanto en la evolución de la literatura hispánica como Juan Ramón Jiménez.
         Sus obras literarias, reflejo de todas las manifestaciones del espíritu, fueron la característica de la primera mitad del siglo. En ese período publicó 32 libros de poesía, diversas antologías, buen número de trabajos en prosa, y dos volúmenes de prosa y verso para niños, además de la infinidad de ensayos y artículos de crítica literaria, campo este último en el que también fue altamente respetado.
         Como escritor de fina sensibilidad y profundidad ideológica, Juan Ramón no estaba considerado como escritor popular, en el sentido ordinario del término. Su obra atraía mayormente a las mentes exquisitas, y en ese campo de elevación espiritual era reverenciado como uno de los más eminentes maestros. Sin embargo, tenía una obra que había entrado de lleno en el alma popular y había llevado su nombre a los más remotos confines del mundo: “Platero y yo”, una de las joyas de la literatura española de todos los tiempos por su delicadeza de concepto y dulzura de expresión, leyenda romántica en prosa que es la quintaesencia de la sensibilidad de un alma fina y elevada.
         Desde que se publicó “Platero y yo” en 1914 se agotaron infinidad de ediciones no sólo en español, sino en otros numerosos idiomas, que llevaron el nombre del “poeta en prosa” a los más apartados rincones del mundo civilizado en una aureola de gloria como pocas veces se ha conocido.
         Fue precisamente “Platero y yo el trabajo de Juan Ramón que mereció la preferencia en el encomio de los críticos literarios suecos cuando se anunció la concesión del Premio Nobel a este hombre puro que había vertido en las cuartillas las expresiones más nobles del alma humana. Se puso de relieve una y otra vez que Juan Ramón era una asceta español que escribía “sobre su burrito Platero con la misma devoción que una vez escribió Cervantes sobre Sancho Panza”. Pero se establecía la distinción de que el poeta estaba impregnado de un elemento rayano en la santidad.



Vivió exilado desde el triunfo franquista
         Al estallar la rebelión franquista, Juan Ramón Jiménez decidió salir de España, y desde 1936 vivió exilado voluntariamente en diversos puntos de los Estados Unidos y la América Latina. Durante la segunda guerra mundial fue profesor de literatura en Washington, y más tarde fijó su residencia en Puerto Rico, patria de su adorada esposa Zenobia.
         Juan Ramón había buscado siempre la soledad propicia a la meditación y la concepción de su obra. Se ha dicho que en Madrid tenía una habitación a prueba de ruidos, con paredes forradas de corcho, que le aislaba completamente del mundo exterior.
         Después de morir su esposa, Juan Ramón se recluyó virtualmente en su domicilio, reclusión que sólo interrumpió en contadas ocasiones para reunirse con el insigne violoncelista español Pablo Casals, también residente en San Juan, en diciembre del año pasado y recibir contadas visitas de algunos de sus amigos íntimos.
         Hasta su muerte, el ilustre finado era titular inactivo de una cátedra de la Universidad de Río Piedras, de San Juan de Puerto Rico, como homenaje a su relieve intelectual.





(Últimas Noticias, 30-5-58, p. 17).


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