J.R.J.
Jaime Tello
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J
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uan Ramón Jiménez ha muerto. El
cable de Puerto Rico trae la ingrata nueva. En realidad, la muerte había
empezado para el dulce poeta de Moguer cuando desapareció su compañera de la
vida, Zenobia Camprubí. Ni el tardío reconocimiento del Premio Nobel fue
bastante para calmar la inmensa soledad que invadió su espíritu.
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