lunes, 14 de septiembre de 2015

MURIÓ AYER JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

MURIÓ AYER

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


A

los setenta y seis años de edad y a los veintidós de exilio, ha muerto el poeta Juan Ramón Jiménez. Lo que esta muerte supone como fecha de luto para la literatura de lengua española y para las letras universales, es más de lo que puede decirse en una síntesis periodística de condolencia. El glorioso autor de Platero y Yo, ocupaba desde la muerte de Antonio Machado un cierto rectorado de la poesía hispanoamericana que ambos, Machado y él, habían heredado el día que desapareció Rubén Darío. Cuando en 1956 se otorga a Juan Ramón Jiménez el Premio Nobel de Literatura, más que una distinción suponía la confirmación oficial de una celebridad y de un prestigio de amplitud universal que el poeta había conquistado ya a lo largo de no menos de cincuenta años de incansable y fervoroso quehacer lírico.
         Vida propiamente sin biografía, ya que la dedicación a la obra descartó todo episódico y anecdótico, esta existencia a cuyo fin asistimos hoy estuvo compuesta por veinte años de infancia y de juventud en la Andalucía natal –nacimiento en Moguer, primeros estudios en Puerto de Santa María, Universidad en Sevilla-; treinta y tantos años en Madrid, desde los días modernistas de principios de siglo hasta que en 1936 las tropas moras y la Legión Cóndor alemana al servicio de Franco cercan por tierra y cielo la capital republicana de España, y, finalmente, veintidós años de destierro, principalmente en Puerto Rico, que el poeta bautizó como “la Isla de la Simpatía Humana”.
         A su muerte, Juan Ramón Jiménez deja como preciado legado una vasta obra que acaso sobrepasa la cantidad de cincuenta libros. En esta obra está toda la Estética juanramoniana, hecha de un culto a la Belleza, y toda su Filosofía, hecha de exaltación del Amor. Profundamente intelectual, elaborador paciente y exigente de cada palabra y de cada verso, su poesía toda estuvo siempre empapada de humanidad, de puro y ancho amor a los hombres dentro de las más rigurosas exigencias líricas.
            Ha muerto Juan Ramón en el destierro, subrayando así, como anteriormente lo hicieran Antonio Machado y Manuel de Falla, el infranqueable abismo que media entre la España espiritual y popular y la dictadura cuyo fin, cercano a estas horas, Juan Ramón no alcanzó a presenciar.
(El Nacional, 30-5-58).

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