JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
César Lizardo
Misionero
del verso, compañero
que da mano de
luz a tu albedrío.
Llora Zenobia al
pie del limonero
la ausencia de un Platero de rocío.
Otoño es un
doliente tinajero
con lágrimas
filtradas por un río.
La sal del
llanto es alma en el tintero
ofreciéndole rutas al navío.
Moguer te dio su
campo y su campana
y Dios desde su
altura soberana
nos bendice de
luz el desconcierto.
Dialogas con la brisa y
con la aurora
y un niño sueña
en el silencio y llora
porque Platero
lo dejó en el puerto.
II
Me duele, sí,
tu corazón viajero
que buscó el
ala de la despedida
para dejar la
luz con menos vida
y sola la
garganta del jilguero.
Te lloro con la
voz del marinero
a quien la
tierra le formó la herida
para que la
viera el agua prometida
en la mirada
de su mensajero.
Tú vencerás el
tiempo y la nada
porque la
muerte que te dio la almohada
te paga la
vida de la muerte.
Y así,
resucitada en la ternura
Llora España en su huerto de
amargura
y convoca tu
sombra para verte.
(Papel Literario de El Nacional, 4-9-58, p. 6).
No hay comentarios:
Publicar un comentario