lunes, 14 de septiembre de 2015

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ DEBE GANAR MAÑANA PREMIO NOBEL Y CABALGARÁ DE NUEVO SOBRE “PLATERO”

             Avisen a Puerto Rico...

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ DEBE

GANAR MAÑANA PREMIO NOBEL

Y CABALGARÁ DE NUEVO SOBRE
“PLATERO”

          J. A. Cabello



Y


era pequeño, peludo, suave. Parecía de algodón. No tenía huesos. Pero trotaba por el prado, acariciando con su hocico las florecillas rosas, celestes y gualdas. Es la historia de Platero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo. Como Juan Ramón Jiménez, el poeta y el hombre, que lo llevó por los caminos del mundo, dándole vida y nombre. Haciéndolo querer con verdadero cariño. Con amor infantil, con deleite del juguete escondido en la almohada. “Platero y yo”. Un Platero de cartón que todos cabalgamos en lectura deleitada. Y que nos condujo por sendas de nopales, malvas y madreselvas, hasta un Paraíso de ensueño, felicidad.

         Juan Ramón Jiménez –poeta, artífice del verso y lírico siempre- se hizo acero y plata de luna con su pequeño gran libro. Con “Platero y yo”. Ya en su dedicatoria destilaba dulzura. Era un poema infantil. Con destino al corazón.
            -A la memoria de Aguedilla, la pobre loca de la calle del Sol que mandaba moras y claveles.
            Ahora, octubre de 1956, sobre la mesa de Juan Ramón, ese escritorio lleno de papeles, libros y poemas, llega un mensaje. Canto optimista, premio a su labor. Es candidato principal al Premio Nobel. Y falta tan sólo que esas posibilidades se hagan realidad, para que Platero engalane su pelambre de algodón con cintas granas y azules. Juan Ramón -–oeta y hombre- cabalgará orgulloso por la calleja miserable que da al río seco. Donde los niños pobres juegan a asustarse. Platero está aquí. Con su dueño y señor. Amigo, más que dueño. ¡Platero y yo!

CASITAS BLANCAS DE MARAVILLA
Una noche de Navidad, año de 1881, la cigüeña dejó en Palos de Moguer una criatura que lloraba poco y permanecía tranquila, con los ojos mirando hacia el cielo. Sería luego el chavalillo formal, amigo de la soledad.
            -Las solemnidades, las visitas y la Iglesia me daban miedo.
            Su mayor placer retozar por el jardín. Con las flores, cuando venía de la escuela y el cielo estaba rosa. A los once años deja la provincia de Huelva y a estudiar en Cádiz, con la luz triste de su faro. Juan Ramón se sentía poeta. Así seguiría siendo.
            Y por ello al ser aplazado en “Historia Crítica de España” decidió abandonar la carrera de abogacía. Permanecía poeta, lírico.

COMPAÑERA Y ESPOSA

            Año de 1916. Alejamiento de la vida literaria y matrimonio con Zenobia Camprubí Aymar. Es a su casa, al hogar, donde van a buscarle todos los rumores del mundo. Lee con pasión. Poetas ingleses, irlandeses y americanos. Con ella, su esposa, traduce a Rabindranath Tagore –poeta de la India, “Vuelo de Grullas”- galardonado en 1913 con el Premio Nobel. Empieza Juan Ramón a elaborar su poesía de perfiles propios. Nace su escuela.
            La guerra Española le sorprende en Madrid, donde pretende olvidar el ruido de los cañones y el eco de esos disparos aislados, que resuenan por doquier, animando a un grupo de niños. Sembrando lo suyo, poema y amor. Y aceptando una invitación de la Universidad de Puerto Rico –trópico, palmeras y nuevos colores- deja tras de sí la marisma andaluza, tierra de su madre, y el recio paisaje de Castilla, origen de su padre. Todos los recuerdos quedan allá. América lo recibe jubilosa. Con los brazos abiertos para el poeta amigo.

POR LOS CAMINOS DEL MUNDO
         Adelante su Platero de cartón. Aparece su segunda antología infantil, regalo para los niños de Puerto Rico, de todas partes. Y en Cuba recopila “La Poesía Cubana en 1936”, fijando luego residencia en La Florida y en Washington. Año de 1948. Platero, bajo los gigantes rascacielos, seguía siendo de algodón. Pequeño, peludo, suave.
         Los títulos de su obra tienen sonoridad, sello propio del lírico que dibuja a la naturaleza con pinceladas de letras. “Criaturas Afortunadas”. Al estilo de Bécquer una “Rima de Sombra”. Elegíaco y bucólico. “Arias Tristes”. Es el inicio de su arte, “Almas de Violetas”. Interesa su labor crítica. Su prosa y verso, “Verso y Prosa para los Niños”. Es la escuela de Juan Ramón Jiménez. La prosa poética, el lírico. “Platero y yo”. Candidato para el Premio Nobel de Literatura....................................

GALARDONES Y GANADORES
         Si este año Juan Ramón es designado como ganador al Premio Nobel de Literatura, será el cuarto escritor de habla hispana que merece dicho homenaje.
         José Echegaray –madrileño, cuyo padre se fugó del seminario y se hizo médico- fue el primero en obtener el Premio Nobel para la cultura hispanoamericana. En 1904 recibió el diploma, con la siguiente constancia:
         -Su obra genial y copiosa, en la que ha revivido de una manera independiente y original las grandes tradiciones del teatro español.
         Era un continuador del Teatro del Siglo de Oro, especialmente de Calderón.
         Y en, España entera, desbordó todo su entusiasmo en honor del autor de “El Gran Galeoto”, una de sus tantas y extraordinarias obras.
         Y fue tan sólo en 1922 cuando otro español, nada menos y nada más que Jacinto Benavente, mereció el Premio Nobel. Habían transcurrido diez y ocho años. Fue necesario esperar otros veintitrés para que Gabriela Mistral –poetisa, maestra, flor de Chile, recibiera idéntico homenaje..................
        


JUAN RAMÓN, EL “YO” DE PLATERO”

         Los ojos de Platero, esos que alzaba mansamente al cielo, eran dos bellas rosas. Esas mismas rosas azules, rosas blancas, sin color, que Juan Ramón en su abundancia no sabía dónde colocar. Pero ahora, cuando en diciembre tenga que ir a Estocolmo –a recibir el Premio Nobel que esta semana deben otorgarle-, se detendrá en el huerto de la Piña, al pie del pino redondo y paternal. En torno al invierno habrá adornado la tierra húmeda de grandes lirios blancos. Y sobre la tumba de Platero colocará todas sus rosas. Poesía, sentimiento en honor del borriquito de algodón –pequeño, peludo, suave- que era acero y plata de luna, al mismo tiempo. Como la obra de Juan Ramón Jiménez el poeta, el hombre.







(La Esfera, 24-10-56, p. 12).

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