Avisen a Puerto Rico...
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ DEBE
GANAR MAÑANA PREMIO NOBEL
Y CABALGARÁ DE NUEVO SOBRE
“PLATERO”
J. A. Cabello
Y |
era pequeño, peludo, suave. Parecía de algodón. No tenía
huesos. Pero trotaba por el prado, acariciando con su hocico las florecillas
rosas, celestes y gualdas. Es la historia de Platero. Acero y plata de luna, al
mismo tiempo. Como Juan Ramón Jiménez, el poeta y el hombre, que lo llevó por
los caminos del mundo, dándole vida y nombre. Haciéndolo querer con verdadero
cariño. Con amor infantil, con deleite del juguete escondido en la almohada.
“Platero y yo”. Un Platero de cartón que todos cabalgamos en lectura deleitada.
Y que nos condujo por sendas de nopales, malvas y madreselvas, hasta un Paraíso
de ensueño, felicidad.
Juan Ramón Jiménez –poeta,
artífice del verso y lírico siempre- se hizo acero y plata de luna con su
pequeño gran libro. Con “Platero y yo”. Ya en su dedicatoria destilaba dulzura.
Era un poema infantil. Con destino al corazón.
-A
la memoria de Aguedilla, la pobre loca de la calle del Sol que mandaba moras y
claveles.
Ahora,
octubre de 1956, sobre la mesa de Juan Ramón, ese escritorio lleno de papeles,
libros y poemas, llega un mensaje. Canto optimista, premio a su labor. Es
candidato principal al Premio Nobel. Y falta tan sólo que esas posibilidades se
hagan realidad, para que Platero engalane su pelambre de algodón con cintas
granas y azules. Juan Ramón -–oeta y hombre- cabalgará orgulloso por la calleja
miserable que da al río seco. Donde los niños pobres juegan a asustarse.
Platero está aquí. Con su dueño y señor. Amigo, más que dueño. ¡Platero y yo!
CASITAS
BLANCAS DE MARAVILLA
Una
noche de Navidad, año de 1881, la cigüeña dejó en Palos de Moguer una criatura
que lloraba poco y permanecía tranquila, con los ojos mirando hacia el cielo.
Sería luego el chavalillo formal, amigo de la soledad.
-Las
solemnidades, las visitas y la
Iglesia me daban miedo.
Su
mayor placer retozar por el jardín. Con las flores, cuando venía de la escuela
y el cielo estaba rosa. A los once años deja la provincia de Huelva y a
estudiar en Cádiz, con la luz triste de su faro. Juan Ramón se sentía poeta.
Así seguiría siendo.
Y
por ello al ser aplazado en “Historia Crítica de España” decidió abandonar la
carrera de abogacía. Permanecía poeta, lírico.
COMPAÑERA Y ESPOSA
Año de 1916. Alejamiento de la vida
literaria y matrimonio con Zenobia Camprubí Aymar. Es a su casa, al hogar,
donde van a buscarle todos los rumores del mundo. Lee con pasión. Poetas
ingleses, irlandeses y americanos. Con ella, su esposa, traduce a Rabindranath
Tagore –poeta de la India ,
“Vuelo de Grullas”- galardonado en 1913 con el Premio Nobel. Empieza Juan Ramón
a elaborar su poesía de perfiles propios. Nace su escuela.
La
guerra Española le sorprende en Madrid, donde pretende olvidar el ruido de los
cañones y el eco de esos disparos aislados, que resuenan por doquier, animando
a un grupo de niños. Sembrando lo suyo, poema y amor. Y aceptando una
invitación de la
Universidad de Puerto Rico –trópico, palmeras y nuevos
colores- deja tras de sí la marisma andaluza, tierra de su madre, y el recio
paisaje de Castilla, origen de su padre. Todos los recuerdos quedan allá.
América lo recibe jubilosa. Con los brazos abiertos para el poeta amigo.
POR LOS CAMINOS
DEL MUNDO
Adelante su
Platero de cartón. Aparece su segunda antología infantil, regalo para los niños
de Puerto Rico, de todas partes. Y en Cuba recopila “La Poesía Cubana en 1936” , fijando luego
residencia en La Florida
y en Washington. Año de 1948. Platero, bajo los gigantes rascacielos, seguía
siendo de algodón. Pequeño, peludo, suave.
Los
títulos de su obra tienen sonoridad, sello propio del lírico que dibuja a la
naturaleza con pinceladas de letras. “Criaturas Afortunadas”. Al estilo de Bécquer
una “Rima de Sombra”. Elegíaco y bucólico. “Arias Tristes”. Es el inicio de su
arte, “Almas de Violetas”. Interesa su labor crítica. Su prosa y verso, “Verso
y Prosa para los Niños”. Es la escuela de Juan Ramón Jiménez. La prosa poética,
el lírico. “Platero y yo”. Candidato para el Premio Nobel de
Literatura....................................
GALARDONES Y GANADORES
Si este año Juan Ramón es designado como ganador al
Premio Nobel de Literatura, será el cuarto escritor de habla hispana que merece
dicho homenaje.
José
Echegaray –madrileño, cuyo padre se fugó del seminario y se hizo médico- fue el
primero en obtener el Premio Nobel para la cultura hispanoamericana. En 1904
recibió el diploma, con la siguiente constancia:
-Su
obra genial y copiosa, en la que ha revivido de una manera independiente y
original las grandes tradiciones del teatro español.
Era un
continuador del Teatro del Siglo de Oro, especialmente de Calderón.
Y en,
España entera, desbordó todo su entusiasmo en honor del autor de “El Gran
Galeoto”, una de sus tantas y extraordinarias obras.
Y fue tan
sólo en 1922 cuando otro español, nada menos y nada más que Jacinto Benavente,
mereció el Premio Nobel. Habían transcurrido diez y ocho años. Fue necesario
esperar otros veintitrés para que Gabriela Mistral –poetisa, maestra, flor de
Chile, recibiera idéntico homenaje..................
JUAN RAMÓN, EL “YO” DE PLATERO”
Los ojos de
Platero, esos que alzaba mansamente al cielo, eran dos bellas rosas. Esas
mismas rosas azules, rosas blancas, sin color, que Juan Ramón en su abundancia
no sabía dónde colocar. Pero ahora, cuando en diciembre tenga que ir a
Estocolmo –a recibir el Premio Nobel que esta semana deben otorgarle-, se
detendrá en el huerto de la Piña ,
al pie del pino redondo y paternal. En torno al invierno habrá adornado la
tierra húmeda de grandes lirios blancos. Y sobre la tumba de Platero colocará
todas sus rosas. Poesía, sentimiento en honor del borriquito de algodón
–pequeño, peludo, suave- que era acero y plata de luna, al mismo tiempo. Como
la obra de Juan Ramón Jiménez el poeta, el hombre.
(La Esfera ,
24-10-56, p. 12).
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