lunes, 14 de septiembre de 2015

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

TRIBUNA LIBRE
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

                                        Luis Conte Agüero


C

uando se dice Juan Ramón, se sabe que es Juan Ramón Jiménez, el hombre que quiso sustituir todas las ge delante de las letras i y e por la jota de su Juan y su Jiménez. Recuerdo que siendo presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, envié una comunicación al claustro de la escuela en la que aparecía la palabra dirigir escrita dirijir. Un profesor quisquilloso señaló la falta, y cuando me informaron de su actitud comenté: dígale a es profesor que lea a Juan Ramón Jiménez.
         Tal vez un día se ponga de moda y se convierta en uso escribir con jota dirijir, oríjenes y todas las palabras similares. Eso evitaría confusiones. La g se utilizaría solamente delante de las vocales A,O,U.
         Más que la gramática, ahora nos interesa la vida, ahora nos interesa la muerte. Juan Ramón se nos fue. Se nos fue con Platero, el burrito tierno de su poema en prosa, triunfo sublime del estilo y del espíritu. Fue a encontrarse con él y con los niños que con él retozaban. En los pastos celestes hablará con Platero y le llevará al hociquito un terrón de su premio Nobel.
         Porque Platero es lo mejor de Juan Ramón, lo que llega más fácil al corazón de todos, de los niños y de los adultos, de los incultos y de los intelectuales. Es un mensaje de belleza para el sentimiento. Un chorro de luz y de poesía para bañar la sensibilidad. El analfabeto al que le lean Platero se conmoverá con su emoción, aunque no pueda captar toda la milagrería en el dominio exquisito del idioma. Platero es su obra popular, su voz para la multitud. Fue más determinante en la adjudicación del Premio Nobel que la producción selecta del maestro para las mentalidades depuradas y los críticos exigentes. En “Platero y Yo” su mano maestra acaricia el arpa de la sensibilidad humana. Eso explica el número de ediciones, la traducción a múltiples idiomas, la consagración multitudinaria de quien escribió para los escogidos:

 No la toquéis ya más

                                        que así es la rosa.

         Los pueblos lamentan la muerte del poeta y del hombre. Del poeta superior que cantó con voz de eternidad, aunque quiera ubicársele en una escuela, que influyó en el habla de su tiempo, que tuvo seguidores y discípulos, que fue crítico respetado, auriga de modos literarios, productor incansable. Del hombre que fue fiel a un ideal, amó la libertad y rechazó la invitación del gobierno franquista de irse a vivir, de irse a morir en España. Ahora lo llevarán allá y lo enterrarán en suelo español. Sus restos irán junto a los de su esposa, su dulce Zenobia, su amada Zenobia, recientemente fallecida. Junto a ella en la vida. Junto a ella en la muerte. Junto a ella en el suelo. Junto a ella en el cielo.
         Sube tranquilo, Juan Ramón. Acá abajo te lloran los buenos, los dignos, los novios de la luz, los hermanos del amor, los padres de las revoluciones, los hijos de la libertad.
         Sube tranquilo, Juan Ramón. Allá arriba te espera Platero con la mejor sonrisa de su hocico ingenuo, con los blancos dientes relucientes en las sombras y con un niño alado sobre el lomo.















(Últimas Noticias, 31-5-58, p. 2).

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