TRIBUNA LIBRE
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Luis Conte Agüero
C |
uando se dice Juan Ramón, se sabe
que es Juan Ramón Jiménez, el hombre que quiso sustituir todas las ge delante
de las letras i y e por la jota de su Juan y su Jiménez. Recuerdo que siendo
presidente de la Asociación
de Estudiantes de la Escuela
de Filosofía y Letras de la
Universidad de La
Habana , envié una comunicación al claustro de la escuela en
la que aparecía la palabra dirigir escrita dirijir. Un profesor quisquilloso
señaló la falta, y cuando me informaron de su actitud comenté: dígale a es
profesor que lea a Juan Ramón Jiménez.
Tal
vez un día se ponga de moda y se convierta en uso escribir con jota dirijir,
oríjenes y todas las palabras similares. Eso evitaría confusiones. La g se
utilizaría solamente delante de las vocales A,O,U.
Más
que la gramática, ahora nos interesa la vida, ahora nos interesa la muerte.
Juan Ramón se nos fue. Se nos fue con Platero, el burrito tierno de su poema en
prosa, triunfo sublime del estilo y del espíritu. Fue a encontrarse con él y
con los niños que con él retozaban. En los pastos celestes hablará con Platero
y le llevará al hociquito un terrón de su premio Nobel.
Porque
Platero es lo mejor de Juan Ramón, lo que llega más fácil al corazón de todos,
de los niños y de los adultos, de los incultos y de los intelectuales. Es un
mensaje de belleza para el sentimiento. Un chorro de luz y de poesía para bañar
la sensibilidad. El analfabeto al que le lean Platero se conmoverá con su
emoción, aunque no pueda captar toda la milagrería en el dominio exquisito del
idioma. Platero es su obra popular, su voz para la multitud. Fue más
determinante en la adjudicación del Premio Nobel que la producción selecta del
maestro para las mentalidades depuradas y los críticos exigentes. En “Platero y
Yo” su mano maestra acaricia el arpa de la sensibilidad humana. Eso explica el
número de ediciones, la traducción a múltiples idiomas, la consagración
multitudinaria de quien escribió para los escogidos:
No la toquéis ya más
que así es la rosa.
Los
pueblos lamentan la muerte del poeta y del hombre. Del poeta superior que cantó
con voz de eternidad, aunque quiera ubicársele en una escuela, que influyó en
el habla de su tiempo, que tuvo seguidores y discípulos, que fue crítico
respetado, auriga de modos literarios, productor incansable. Del hombre que fue
fiel a un ideal, amó la libertad y rechazó la invitación del gobierno
franquista de irse a vivir, de irse a morir en España. Ahora lo llevarán allá y
lo enterrarán en suelo español. Sus restos irán junto a los de su esposa, su
dulce Zenobia, su amada Zenobia, recientemente fallecida. Junto a ella en la
vida. Junto a ella en la muerte. Junto a ella en el suelo. Junto a ella en el
cielo.
Sube
tranquilo, Juan Ramón. Acá abajo te lloran los buenos, los dignos, los novios
de la luz, los hermanos del amor, los padres de las revoluciones, los hijos de
la libertad.
Sube
tranquilo, Juan Ramón. Allá arriba te espera Platero con la mejor sonrisa de su
hocico ingenuo, con los blancos dientes relucientes en las sombras y con un
niño alado sobre el lomo.
(Últimas Noticias, 31-5-58, p. 2).
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